POTENCIANDO LA ACCIÓN EXTERIOR DE EUROPA EN ASIA

Por César de Prado

La presidencia española de la Unión Europea no ha destacado por la promoción de la acción exterior. El tratado de Lisboa relega las presidencias a las iniciativas de la Secretaría General y la Alta Representante, y el tumultuoso período de transición dificultó aún más la coherencia de tantos actores en liza. La reducción de los déficits fiscales y el poder de los mercados financieros transnacionales agotan las energías de los gobiernos. El derrumbe del desarrollo basado en el ladrillo caro y el turismo barato nos exige urgentemente orientarnos hacia un nuevo paradigma económico.

Pero los políticos parecen carecer de visión amplia, las universidades producen pocas ideas útiles en temas internacionales, y los pocos think-tanks pertinentes apenas tienen eco en los medios de comunicación preocupados más por los chismes y el fútbol. Ante tal espectáculo, ¿qué debemos hacer para que Europa sea relevante en un mundo multipolar donde prevalezcan desarrollos sostenibles? Cada uno tendrá que aportar lo que pueda. Yo les ofrezco aquí unas breves reflexiones orientadas a los riesgos y oportunidades que ofrece Asia, una compleja parte del mundo en la que España y la UE deben posicionarse con mucho más conocimiento y valentía. Ya que durante nuestra presidencia sólo han tenido lugar en España tres reuniones ministeriales, con Asia Central, sudeste asiático, y Asia Oriental, y algunos diálogos esotéricos que han pasado desapercibidos entre el gran público.

En décadas pasadas Japón y otras economías dinámicas de Asia-Pacífico crecieron exportando a occidente. Ahora muchos más países de toda Asia se sobreponen a la actual crisis acoplados al desarrollo chino. Que éste, y el más reciente de la India, perduren muchos años no está garantizado. Pero algunos líderes políticos de China y sus países vecinos están apostando por la innovación tecnológica, la educación y la protección del medio ambiente para montar la próxima ola de crecimiento económico. Que lo hagan en colaboración con Europa será imprescindible para conseguir un bienestar global.

También tendremos que colaborar mucho más entre Europa y Asia para reducir los principales focos de inseguridad más allá de Oriente Medio. Pakistán, India, China y, sobre todo, Corea del Norte son países que disponen de armas nucleares y aumentan las tensiones en una región donde la vigilancia de los Estados Unidos es a veces vacilante. La principal organización de seguridad occidentales, la OTAN, está avanzando una estrategia más flexible que debería coordinarse mejor con la UE y la OSCE. Así, desde Europa, podremos colaborar mejor con socios pragmáticos en Asia. Pero deberemos hacer un seguimiento de la evolución de los países amigos y de las organizaciones regionales como el Foro Regional ASEAN, o la Organización de Cooperación de Shangai.

Varios países de Asia han recibido en los últimos años una refrescante ola de democratización, pero el futuro de los derechos humanos y el desarrollo sostenible es aún incierto para muchos otros. Corea del Sur, Taiwán, Filipinas e Indonesia están consolidando sus jóvenes democracias. Sin embargo, los conflictos entre distintos bandos políticos en Tailandia y entre etnias en Kirguistán nos recuerdan la existencia de muchos estados frágiles. Tampoco debemos de olvidar que Myanmar y Corea del Norte son dictaduras basadas en el terror, y que los líderes del partido comunista chino tienen miedo a promover las libertades políticas que la gente suele demandar al desarrollarse económicamente. Para conseguir que la ola de democracia cale bien adentro en Asia España sola puede hacer muy poco, pero con Europa podemos comprender y potenciar las mejores dinámicas internas y regionales de los países asiáticos.

A una potencia media con recursos limitados como España no le queda más remedio que potenciar mecanismos de poder blando. Pero si queremos que los diálogos culturales y alianzas de civilizaciones se sostengan, habrá que dotarlos de contenidos más relevantes que atraigan el interés de muchos más actores europeos y asiáticos. Para ello podemos desarrollar iniciativas a favor de la educación, la ciencia y la comunicación efectivas. Promover el crecimiento y relevancia de los nuevos programa universitarios sobre Asia y relaciones internacionales. Potenciar los temas asiáticos en programas de excelencia como los del Consejo Europeo de Investigación. Fomentar la comunicación pública con informativos más globales. O participar activamente en los desarrollos de los planes de conectar Europa y Asia con nuevas infraestructuras entre las que destacan los trenes de alta velocidad.

En definitiva, deberíamos canalizar la adrenalina acumulada con la presidencia que ahora concluye para movernos más pragmáticamente con Europa y Asia por los tableros donde se juegan las actuales relaciones globales.

César de Prado es investigador en el Institut Barcelona d’Estudis Internacionals (IBEI).

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