UN NUEVO HORIZONTE PARA LAS RELACIONES DE MERCOSUR Y LA UE: PRODUCIR PARA COMERCIAR

Por Ángeles Sánchez Díez y José Manuel García de la Cruz

Uno de los asuntos sobre los que la Cumbre Unión Europea – América Latina ha logrados satisfacer las aspiraciones españolas ha sido la reanudación de las negociaciones con el MERCOSUR iniciadas hace más de una década y que sistemáticamente encuentran obstáculos para su definitiva conclusión.

Hay que recordar que a diferencia de los Tratados de Libre Comercio impulsados por los Estados Unidos, los Acuerdos de Asociación promovidos por la Unión Europea (UE) se estructuran en tres pilares: el diálogo político, la cooperación y los temas comerciales, cuyos contenidos concretos varían según los temas espinosos y discrepancias que surjan durante el proceso de negociación. Y así, mientras que en el caso de las relaciones UE – Mercado Común Centroamericano las peticiones de mayor apoyo financiero y la inestabilidad política justificaron en años pasados el aplazamiento del acuerdo, ahora finalmente concluido, en el caso de MERCOSUR han sido los temas económicos los más sensibles cuyo abordaje se ha visto en ocasiones dificultado por otros propios de cada uno de los esquemas de integración convocados.

Ahora bien, tras los quince años transcurridos desde las primeras negociaciones, ¿tiene sentido mantener los mismos objetivos económicos para las relaciones birregionales? Lo sensato es que no sea así. La nueva etapa de las negociaciones debiera de servir para incluir entre sus contenidos fundamentales otros temas económicos más ambiciosos que los puramente comerciales o inversores, aunque relacionados con ellos, como son los implícitos en una estrategia compartida de desarrollo productivo en ambas regiones.

Es evidente que la primera contribución del Acuerdo de Asociación ha de venir de las mayores facilidades para las exportaciones manufactureras suramericanas a los mercados europeos, pero también hay que incorporar – o interpretar en función de los objetivos de desarrollo de la producción industrial – otros temas como los relacionados con las inversiones extranjeras, el apoyo a las PYME, el incentivo a la I+D o la prohibición de prácticas que alteren el funcionamiento competitivo de los mercados.

La presencia de inversiones europeas, y particularmente españolas, debieran de ser comprometidas con el desarrollo productivo de las economías del MERCOSUR, contribuyendo al fortaleciendo las capacidades de las economías nacionales más allá del aprovechamiento de las oportunidades ofrecidas por los mercados nacionales.

El apoyo a la densificación del tejido empresarial podría venir de la mejor aplicación de los recursos incluidos el las Estrategias comunitarias de apoyo nacional y regional 2007-2013 que debieran de articularse con las propias iniciativas del MERCOSUR, particularmente con la Agencia MERCOSUR de Integración Productiva o con los fondos regionales ya en marcha como el Fondo de Convergencia Estructural (FOCEM) y el Fondo para la Financiación de las Pequeñas y Medianas Empresas, en torno a los cuales también debiera de girar el Programa AL-Invest.

La apertura de los programas europeos de I+D deben de abrirse a las iniciativas de empresas del MERCOSUR, promoviendo alianzas empresariales en sectores estratégico, innovadores y con potencial competitivo en la economía global.

Y también, por supuesto, superar las dificultades en materias sensibles como el comercio agrario para la UE, o la disipación de las dudas sobre la liberalización del comercio de servicios por parte de MERCOSUR, facilitará los avances en las negociaciones multilaterales en el seno de la Organización Mundial de Comercio.

En un mundo en constante transformación, asomado al abismo de la crisis global, el establecimiento de alianzas debe de ser una prioridad, y alcanzar estas alianzas entre socios que comparten los mismos principios de convivencia social y política debiera de ser un objetivo de toda acción exterior. El Acuerdo entre la UE y MERCOSUR puede ser una oportunidad para inaugurar una etapa en la consecución de Acuerdos cuyo objetivo sea de desarrollo compartido entre ambos bloques.

Ángeles Sánchez Díez y José Manuel García de la Cruz son profesores de la Universidad Autónoma de Madrid.

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