LA SOMBRA DEL CIPRÉS ES ALARGADA

Por Pablo Colomer

“El euro es una buena idea y ahora estamos en la fase de hacer funcionar esa buena idea”. La que así habla es, no se crean, una alemana. Se llama Ulrike Guérot, es investigadora de ECFR y defiende con entusiasmo la creación de un Fondo Monetario Europeo, ya que considera que un plan de rescate para Grecia no sería suficiente a largo plazo e, insiste Guérot, de lo que Europa debe hablar en estos momentos es de gobernanza económica y del largo plazo. Un plazo que (reconozcámoslo) económicamente hablando resulta tan huidizo como vaporoso, cuasi fantasmal.

Esta podría ser una semana decisiva para Europa. El problema es que las semanas que así se presentan en sociedad (sociedad europea, entiéndase) acaban por dejar plantado al pretendiente en el mismo altar, huyendo como novias a la carrera. La cita está fijada para el 25 y el 26 de marzo en Bruselas, donde se celebra el Consejo Europeo de Primavera; los papeles ya están distribuidos, y los protagonistas, ansiosos. Muchos desean (el Banco Central, la Comisión, el Eurogrupo y la Presidencia de turno, entre otros) que se saque adelante un mecanismo de ayuda financiera a Grecia, pero Alemania no quiere discutir ningún plan de rescate, ya que lo considera innecesario. Las posibilidades de una nueva opereta bajo el cielo plomizo de Bruselas asustan a más de uno, para qué negarlo.

El miedo es muy tentador, además de inevitable. José Ignacio Torreblanca nos hablaba ayer lunes de los miedos alemanes, que siempre han encogido el corazón de Europa. Primero miedo por parte de Europa, miedo a Alemania; luego, el miedo de los alemanes a sí mismos. La solución a tanto miedo siempre ha sido la misma: más Europa, pero ahora parece que los alemanes han perdido tanto el miedo como los remilgos. ¿Debemos dejarnos llevar por el pánico? Ése es un lujo que en Europa siempre hemos pagado demasiado caro.

Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano y experto en economía política de la UE, explica que el euro ha sido un valioso escudo contra la crisis, destacando su función estabilizadora. El euro se erige así como símbolo, junto a otros, de ese antídoto contra el miedo, el más camaleónico de los sentimientos humanos: proteccionismo, xenofobia, resentimiento… Steinberg aclara que el euro no ha sido ni será ninguna panacea. Las heridas profundas que deja esta crisis no se pueden ocultar: desempleo prolongado, caída de la inversión, mayores déficits presupuestarios y menor crecimiento… Pero la solución sigue estando clara: mayor gobernanza económica, esto es, más Europa.

Sin querer incurrir en paralelismos molestos y quizá fuera de lugar, los días de regocijo histórico en los Estados Unidos tras la aprobación de la reforma sanitaria podrían dejar en Europa un poso de amargura si no conseguimos avanzar en la reforma económica y financiera que los tiempos demandan. El miedo a una nueva opereta europea siempre estará ahí. Lo que no debiera asustarnos, a ningún europeo, es el largo plazo, donde al final siempre acabamos llegando. El euro nos necesita, como nosotros a él. Un euro al rescate de Europa necesita primero de una Europa que lo rescate. La sombra del FMI, como la del ciprés, es siempre tan alargada…

Pablo Colomer es periodista.

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