¿LIBERTAD, SEGURIDAD Y JUSTICIA? EMPECEMOS POR LA RELACIÓN TRANSATLÁNTICA

Por Jordi Vaquer i Fanés

La lentitud de la Alta Representante en forjarse su espacio y fusionar las dos estructuras funcionariales que hereda de sus antecesores (Javier Solana en el Consejo y Benita Ferrero-Waldner en la Comisión) obliga a una incómoda transición en la cual el Ministerio de Asuntos Exteriores español sigue actuando, en buena medida, como lo haría el de cualquier país que tuviese la Presidencia rotatoria antes del Tratado de Lisboa.

Por ello, el revés que supuso para Europa la comunicación de la ausencia de Obama de la cumbre bilateral UE-Estados Unidos impacta directamente en los planes del gobierno de España, que había previsto que la cumbre fuese uno de los momentos claves del semestre, y que ahora puede y debe reaccionar.

La Presidencia de turno tiene que dar salida a una relación que señaló como prioritaria en su actuación, y hacerlo además sin ocupar el espacio que les corresponde a las nuevas figuras institucionales de la UE. La preocupación de la administración española por identificar algunos temas en los que se puedan alcanzar avances reales, y no sólo retórica, cobra mucho más valor ahora que la ausencia de la foto Obama-Zapatero/Van-Rompuy viene a evidenciar las carencias de las relaciones UE – Estados Unidos. Sin foto, sólo queda presentar logros concretos. Demostrar que la relación bilateral avanza y que, además del vínculo permanente que supone la OTAN, la UE tiene una agenda de relación que interesa a la mayor potencia mundial.

Hay un ámbito en el que el Tratado de Lisboa contiene novedades importantes y en el cual el interés compartido con Estados Unidos es muy obvio: el de los asuntos de Justicia e Interior. Justamente en estos ámbitos se dieron algunos de los episodios más vergonzantes en la relación transatlántica en los últimos años. Recordemos, por ejemplo, el triste papel que los Estados Unidos, en connivencia con muchos estados europeos, hicieron en toda la cuestión de las deportaciones – ilegales y sin garantías de ningún tipo – no sólo de combatientes yihadistas, sino de simples sospechosos de complicidad con redes terroristas. Puesto que el ámbito es de interés común y puede dar lugar a avances sustanciales, España podría hacer una aportación relevante realizando un trabajo poco vistoso pero eficaz, liderado por nuestros ministerios de Interior y de Justicia, para empezar a liquidar esta preocupante y bochornosa herencia.

Las causas del descrédito occidental en cuestiones de derechos humanos no son sólo Guantánamo, la invasión de Irak o el trato dado a Israel, por más que pesen las imágenes de Abu Gharib, de Gaza o de las jaulas de la base caribeña. Hay una erosión palpable de los estándares aplicados en cuestiones de Interior y Justicia (desde la lucha antiterrorista a las repatriaciones), y el vínculo transatlántico sirvió de correa de transmisión a esta erosión. Si igualdad, ciudadanía europea y derechos de los ciudadanos son algunas de las prioridades de la Presidencia española, una revisión total de las relaciones con Estados Unidos para acabar con los abusos, la ambigüedad y la opacidad de la cooperación en los ámbitos de Justicia e Interior y volver a los niveles de protección de derechos anteriores a la deriva iniciada en 2001 sería una aportación magnífica. Es probable que este tema no pueda cerrarse en el semestre de Presidencia, pero hay espacio para avanzar sustancialmente. El rechazo del Parlamento Europeo el pasado 11 de febrero a ratificar el acuerdo provisional UE – Estados Unidos sobre la transferencia de datos financieros de los ciudadanos para prevenir un ataque terrorista pone encima de la mesa del Consejo una primera oportunidad para cambiar de rumbo.

Ante el constante cuestionamiento de la universalidad de los derechos humanos y claros retrocesos en las libertades individuales y colectivas en muchas partes del mundo, el descrédito europeo y americano en esta cuestión no es sólo un problema para Occidente. Lo es para todos los defensores de los derechos humanos en el mundo entero. Pero antes de relanzar nuevas y urgentes iniciativas en el Mediterráneo o en las Naciones Unidas, debemos hacer los deberes y poner la casa en orden, aprovechando que nuestra esperada cita nos ha dado calabazas.

Jordi Vaquer i Fanés es Director de CIDOB

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