UNA ESPAÑA CONFUSA EN UNA EUROPA DESORIENTADA

Por José Ignacio Torreblanca

El actual periodo de transición e incertidumbre en la UE abre una presidencia de gestión y no de grandes transformaciones. El G-20, la crisis financiera y el marasmo europeo obligan a España a reflexionar sobre la necesidad de construir una presencia global propia.

España inicia su presidencia europea en un momento de máxima confusión. Esta confusión tiene tres polos motrices: el G-20, el marasmo europeo y la crisis económica. Por un lado, todo lo relacionado con la participación de España en el G-20 ha hecho revivir las ansiedades sobre su posición en el mundo que han dominado la acción exterior española durante los 30 años transcurridos desde la transición a la democracia. En este tiempo, la democracia española ha estado demasiado ocupada en gestionar su plena incorporación a las instituciones internacionales, lograr el reconocimiento de sus aspiraciones y obtener una visibilidad acorde con su posición.

Por otro, la evolución propia del proyecto político europeo, que ha llevado a la Unión Europea a 27 miembros, ha puesto en cuestión el círculo virtuoso orteguiano (“España es el problema, Europa la solución”) que hasta ahora había dominado nuestra política exterior. Si “más Europa” no necesariamente significa “más España”, el europeísmo que ha guiado nuestra política durante los últimos 25 años ya no es la respuesta automática a todo nuevo desafío. Más bien al contrario, en el nuevo contexto resulta legítimo cuestionar, caso por caso, cuánta Europa necesita España para lograr sus fines. Las sucesivas ampliaciones de la UE han desencadenado una evidente dinámica renacionalizadora: para perplejidad de España, Berlín, Londres, París y Roma han puesto a Europa en segundo lugar de sus preferencias, afirmando sus deseos nacionales sin complejo alguno. España, a su pesar, se ve obligada también a optar.

Finalmente, la gravedad y la profundidad de la crisis económica han erosionado la imagen exterior de España, al poner en cuestión la narrativa de éxito económico que ésta había construido, lo que ineludiblemente limita su capacidad de liderazgo internacional. Queda pendiente, sin embargo, estimar el alcance de la crisis sobre nuestra capacidad de acción exterior. Si la crisis económica es coyuntural y, como ocurriera en el pasado (1990-93), el ritmo de crecimiento se recupera en cuanto lo haga el núcleo de la economía europea, incluso de forma más dinámica que éste, no sería necesario tomar decisiones de gran calado. Pero si la crisis es estructural, y España se acaba enfrentando a una nueva “década perdida”, como ocurriera en 1974-84, sus opciones se estrecharán, obligando a una revisión en profundidad del marco de análisis.

De ahí que la presidencia española de la UE, situada en la intersección de estos tres problemas, se abra bajo el signo de la confusión. Confusión entre medios y fines, ya que, más allá de los eslóganes habituales, es evidente la ausencia de una reflexión estratégica de carácter global sobre qué se quiere lograr en Europa y cómo se quiere hacer. Y confusión entre arenas y lógicas, por cuanto la presidencia europea entremezcla de forma no muy clara prioridades políticas nacionales como el cambio de modelo productivo, la innovación y la equidad, por un lado, y las prioridades europeas, que tienen una dimensión y ambición distinta (mejorar los instrumentos de gobernanza económica, regular los mercados financieros, salvaguardar el mercado interior, preservar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, PEC, y completar la extensión de la zona euro, entre otras).

En dichas circunstancias, la presidencia española, por mucho que el presidente del gobierno se haya comprometido personalmente a imprimirle un “carácter transformador”, tendrá que conformarse con ser una presidencia de gestión. Esto no supone ningún drama ni debe ser motivo de alarma: España tiene sobrada experiencia política y administrativa para desempeñar con eficacia las tareas de coordinación asociadas a la presidencia; además, el momento político, internacional, europeo y nacional, es lo bastante malo como para aconsejar no tomar grandes decisiones. Claramente, Europa está en un momento de consolidación, no en un momento transformador.

Capear el temporal económico, lograr un mínimo consenso interno y cumplir satisfactoriamente las obligaciones que impone la dinámica europea son objetivos suficientes y a la vez realistas. Y si todavía existen fuerzas administrativas y capital político para algo más, convendría dedicarlas a dos tareas: una, sentar las bases y los procesos que puedan generar y sostener algunas decisiones importantes en el futuro (en el ámbito de la gobernanza económica o la política de seguridad y defensa, por ejemplo); dos, como pone de manifiesto Haití, estar preparado para hacer frente a alguna crisis imprevista que pudiera afectar gravemente los intereses de la UE (en el ámbito económico y financiero, pero también en el ámbito de la política exterior).

Este artículo ha sido publicado en el número 133 de la revista Política Exterior. Para ver el artículo completo, pinche aquí.

José Ignacio Torreblanca es director de la oficina del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en Madrid.

2 comentarios to “UNA ESPAÑA CONFUSA EN UNA EUROPA DESORIENTADA”

  1. Sofía Moreno Says:

    Como siempre, un buen diagnóstico, equilibrado y completo. ¡ Usted no defrauda ! Sus puntos de vista me parecen moderados y sensatos. Le agradezco que nos brinde sus síntesis de la actualidad.

    Dice usted : “Pero si la crisis es estructural, y España se acaba enfrentando a una nueva “década perdida”, como ocurriera en 1974-84, sus opciones se estrecharán, obligando a una revisión en profundidad del marco de análisis.” Aunque soy una optimista por naturaleza, me temo que eso es lo que nos espera en los próximos diez años, que serán duros en España, porque no parecemos dispuestos a ponernos al día.

    No veo a mi alrededor ganas de aprender a ser más productivos, ganas de estar entre los mejores, ganas de superarnos como país. La estructura de nuestra economía (poca industria, poca innovación, demasiado ocio, dependencia de “monocultivos” como el turismo o la construcción, falta de diversidad sectorial) es un lastre y no parece que nadie quiera hacer gran cosa por mejorar.

    Solo una ventaja en esta crisis : algunos están aprendiendo a ahorrar, desgraciadamente por las malas, a la fuerza, pero tal vez esto sirva para el futuro. Las lecciones dolorosas no se suelen olvidar.

    Muchos de mi generación tuvimos que salir de España precisamente al final de esa década perdida que usted menciona, hacia 1984-86, para poder labrarnos un porvenir porque aquí no había horizontes. Dentro de diez años, mis hijos llegarán al mercado laboral. ¿Tendrán que irse a China o a Singapur? Ojalá que para entonces solo se marchen porque quieren, no porque no hay más remedio. Por ahora están mejor estudiando y me alegro que no estén en edad de buscar trabajo, pobrecitos.

    Si queremos consolidar nuestra posición (española) en el mundo, hay que “hacer los deberes en casa antes de salir a la calle”, hay que resolver dos cuestiones internas de base si queremos poder aspirar a ser un actor a tener en cuenta en la escena internacional : pacto sobre la educación y diálogo social sobre el empleo.

    Son dos prioridades en las que no se está haciendo lo suficiente y es crucial despertarse de una vez. Me parece que el país está entrando en una especie de letargo muy peligroso, como si nos estuviéramos acostumbrando al paro, a la crisis, al desánimo. Una resignación malsana. ¡ Hay que reaccionar, caramba !

    ¡ Ojalá esté completamente equivocada !

    Disculpe tan largo mensaje. Saludos cordiales,

    Sofía Moreno, traductora.

  2. josep maria vila Says:

    Hola, esto de acuerdo con los comentarios de Sofía; veo a mi alrededor, la ciudad de Manresa, la estupefacción por la crisis y la falta de imaginación para resolverla: tenemos 7.000 pisos vacíos y el Ayuntamiento y la Generalitat estàn a punto de realizar un nuevo proyecto urbanístico; por qué les comento esto? porqué eso me parece generalizado, des de los municipios al estado, nadie se atreve a decir que el proyecto económico basado en la construcción – especulación – i el turismo, ha finiticado; que no se puede ir por Europa de nuevo rico dando lecciones como han hecho Aznar y Zapatero y que para avanzar hace falta básicamente dos cosas: tener presente que estábamos equivocados y más esfuerzo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: